Un día en Portofino

 La Ligura italiana está llena de pueblecitos con casas de alegres colores y callecitas llenas de rincones encantadores donde se disfruta de la magia y la esencia de esta tierra. Uno de estos lugares, es sin duda, el pequeño pueblo de Portofino. 





Portofino es famoso por ser un punto de encuentro de artistas, escritores y personajes de la jet set internacional,  lo que lo convierte en un destino algo masificado (sobre todo en verano) y también bastante caro. Pero aún así, merece la pena visitarlo y disfrutar de su ambiente de las tradiciones de un auténtico pueblo de pescadores. . Además, Portofino posee un magnífico Parque Natural (Parco Naturale Regionale di Portofino) considerado uno de los más bellos del país.

Cómo llegar:

- Coche: esta opción no es muy aconsejable por varias motivos: la carretera que llega a Portofino es bastante estrecha y sinuosa; en verano suele haber mucho tráfico y no hay aparcamientos gratuitos. La única opción es un parking privado, previo pago de 14 euros.

- Autobús: desde la estación de tren de  Santa Margherita Ligure salen autobuses cada 30' hacia Portofino. El trayecto dura unos 20 minutos.

- Taxi: Desde Santa Margherita. ¡Ojo con esta opción!, por lo que os puedan cobrar...

- Andando: Desde Santa Margherita sale un  camino que llega hasta Portofino. La distancia es de unos 5 km, por lo que si disponéis de tiempo, es una perfecta alternativa para disfrutar del paisaje del parque Natural y de las preciosas vistas del golfo de Tigullio.

- Barco (batello o navetta): los barcos salen desde Cinque Terre, Rapallo y Santa Margherita Ligure. Nosotros optamos por esta opción, ya que estábamos haciendo una excursión desde Génova. Para mi es la mejor alternativa, ya que las vistas desde el barco son bellísimas.

Nuestra experiencia: 

Nosotros salimos del puerto de Santa Margherita en un batello. Cuando llegamos al muelle había una cola de gente  bastante grande, pero afortunadamente llegaron dos barcos, por lo que cupimos todos sin problema. Yo os aconsejo ir con tiempo porque se forma bastante alboroto a la hora se embarcar. El trayecto, aunque corto fue muy bonito. Lo mejo es sentarse delante o en el lado derecho para poder disfrutar de las mejores vistas del golfo.

Nada más adentrarnos en el golfo de Tigullio pudimos ver las lujosas casas y mansiones como los opulentos yates que hay por toda la costa. Desde el mar, también se divisa la Abadía de la Cervara, un espectacular monasterio, conocido, además de por su espléndido huerto, por haber tenido, a lo largo de la historia,  numerosos huéspedes ilustres, como Catalina de Siena o Petrarca. Actualmente es un edificio privado donde se realizan eventos culturales y bodas de la alta sociedad, como la de Rood Steewart o la de Wayne Rooney.

Después pasamos de lejos por la Baia di Paraggi. Un espectacular enclave natural con aguas cristalinas y color turquesa. No nos pudimos acercar mucho puesto que está restringido el acceso a los barcos para preservar la flora y fauna marina.

Y por fin llegamos a Portofino. La entrada al puerto me encantó. Conforme el barco se iba acercando íbamos viendo los yates, las casas de colores, los barcos de pesca... todo ese ambiente entre lujo y tradición marinera que caracteriza a este pueblo.

Cuando estéis llegando fijaos en los trampantojos de la casa anaranjada (la de la derecha de la foto de arriba). Son preciosos.

El barco amarró en el muelle Umberto I (no había mucho sitio donde elegir, la verdad), junto a la bulliciosa piazzetta Martiri dell'Olivetta, el autentico corazón de Portofino, lleno de cafés, restaurantes y de tiendecitas de productos gourmet de la zona.

 Qué os recomendamos visitar:

Desde la piazzeta subimos por la calle Salita S. Giorgio hasta la chiesa  San Giorgio un pequeño templo del siglo XII (actualmente reformada) que alberga en su interior las reliquias de San Jorge (patrón de Portofino)  que trajeron los marineros a su regreso de las cruzadas. Bueno, todas las reliquias no... porque el dedo está en Alcoi ;) (donde yo nací).


La iglesia es pequeñita y tiene un interior algo austero, pero merece la pena verla, además podremos contemplar las mejores vistas de todo Portofino.

Desde aquí también se vislumbra y se llega por un camino, al castillo Brown, una antigua fortaleza ubicada en medio de un jardín colgante. Desde ahí se accede al faro, desde donde se ven las mejor panorámica de toda la bahía.

A la bajada pudimos ver las tiendecitas y los talleres de artesanía donde venden y exponen finas y elegantes piezas de encaje de bolillos, elaboradas con hilo de Fiandra, al más puro estilo tradicional.

De nuevo en la plaza, nos fuimos en dirección hacia la chiesa di San Martino, una bonita iglesia del siglo XII con una fachada de franjas bicolores y un interior ricamente decorado.






Por cierto, justo en la plaza de la iglesia hay una fuente. Os vendrá bien para refrescaros si os hace el mismo calor que nos hizo a nosotros...
Por último, estuvimos recorriendo las callecitas que hay más allá de la plaza. Parece mentira lo tranquilas que pueden llegar a estar viendo lo bulliciosa que está a zona del pueblo.

Si tenéis oportunidad no dejéis de degustar sus típicas focaccias y la famosa lasaña con salsa de pesto. Si sois más de dulce os recomiendo el pacciouo, un helado de chocolate amargo con nata, fruta fresca y un baño de frambuesa.












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